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IMAGINATE

Imagínate que tienes una falda por encima de las rodillas, muy fina y de color azul oscuro.
Me abres la puerta del portal y entro.
Empiezas a subir por las escaleras y yo voy subiéndolas detrás de ti.
Te paras nerviosa y notas mi mano acariciándote los muslos y te excitas mojando las braguitas sin poder evitarlo. Mi mano te da calor y te gusta.
Te pones impaciente por que la suba hasta tu sexo.
La sientes palpándote y yo noto tu flujo empapándome la palma de la mano, que pasa por debajo de tu braguita lenta y suavemente rozando tu clítoris.
Un gemido apagado sale de tu boca medio abierta y deseas que mi lengua se acerque y te acaricie entre las piernas bebiendo tu licor.

Felipe Zones

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UNA SEMANA DESPUÉS

Ya casi eran las 11:00 y Miguel esperaba impaciente sentado en la terraza del bar donde se habían conocido hace justo hoy una semana.

El cielo estaba despejado y el sol brillaba con fuerza pero Miguel se sentía muy a gusto, con sus gafas de sol negras y a la sombra; protegido por una de las sombrillas que hay repartidas a lo largo de la calle peatonal, llena de mesas ocupadas por gente que disfruta de esta primavera casi veraniega. A pesar de ello se le estaba haciendo larga la espera.

Eran ya las 11:10 y Miguel, sin dejar de mirar la hora en su reloj, intentando tranquilizarse pensando que las mujeres siempre se retrasan, sobre todo,  en estos casos que se acicalan con mas esmero, cosa que se agradece; pide su segunda cerveza a uno de los camareros que sirven en la terraza, a pleno sol, con un ritmo frenético y haciendo malabarismos con la bandeja repleta de vasos de tubo, tazas de café y platos con suculentas tapas; 

A pocos metros de la calle Carol caminaba consciente de su impuntualidad, ansiosa por llegar y volver a sentir ese beso en la mejilla que por su calidez le había hecho excitarse notando como se le erizaban los pezones, sofocando todo su cuerpo y humedeciendo sus braguitas como nunca le había pasado.

Antes de salir de casa había puesto sábanas limpias en la cama y había metido una botella de champán en la nevera, para que estuviera a punto. Estaba convencida de que él tenia tantas ganas o mas que ella de estar juntos escondidos entre las sábanas. Pensaba en lo atractivo que le había parecido Miguel y lo atento que se había mostrado con ella desde el primer momento y su primera despedida saliendo del bar disfrutando de la calidez de su cuerpo pegado al suyo mientras él, rodeándole los hombros con un brazo, le propuso verse otra vez en el mismo lugar.

Miguel le vio de lejos, empalmándose de inmediato, cambiando de posición en la silla pretendiendo que no se notara su excitación pero sin conseguirlo.

Carol se iba acercando y vio que Miguel estaba fiel a su cita, cruzándose entre ambos la mirada, cosa que le excito y de inmediato noto como sus muslos se humedecían y el corazón le latía acelerado.

Al llegar a la mesa, él se quedó sentado, incapaz de moverse y ella se sentó a su lado mostrandole su entrepierna sin braguitas, semidepilada y un hilillo de flujo bajándole por el muslo, cruzó las piernas y se acercó a él para darle un beso en cada mejilla agarrando su pene erecto, con suavidad y disimulo,  haciendo que Miguel se estremeciera sorprendido. – ¿Te gusta el champán?- le susurro al oído totalmente descontrolada sin soltar el pene de su mano. -Me gustas tú-respondió Miguel, levantándose de la mesa, cogiendo su mano haciéndole levantarse también a ella y contagiado por esa carga energética de lujuria le preguntó, -¿a donde vamos?-. Carol le miro sonriendo y dando un paso hacia adelante hizo que Miguel le siguiera sin saber a donde le llevaría, excitado  por sentir el calor de su mano y la seguridad de su mirada mientras le sonreía.

Después de andar unos minutos en los que ninguno de los dos se dijeron nada, tan sólo se acariciaban la mano jugueteando con los dedos y alguna que otra mirada con una amplia sonrisa, Carol se detuvo delante de la puerta de entrada a su casa. Soltó su mano de la de Miguel, sin querer hacerlo pero obligada para poder sacar las llaves de su bolso y con rapidez abrió la puerta y entró al portal notando el frescor del interior y el cuerpo de Miguel pegado al suyo.

La puerta rechinó al cerrarse, quedándose los dos totalmente a oscuras.

Como si pudieran verse, sus bocas abiertas se juntaron y las lenguas, casi con violencia, se acariciaban la una a la otra  La excitación de ambos era brutal. 

Carol sintió la mano de Miguel, empapada por su dulce licor, rozándole todo su sexo y gimió por primera vez. Cachonda, abrió más las piernas para sentir más placer y al sentir la lengua de Miguel lamiendole el clítoris, ¡chillo!; derritiéndose en su boca .

Una luz cegadora iluminó el portal al abrirse la puerta.

Cargada con dos bolsas, una vecina anciana,  vio como dos personas subían despavoridas las escaleras pero no le dio importancia.

Antes de llegar al tercer piso Carol se paró exhausta. El corazón le latía muy forzado y al arrodillarse en la escalera casi sin respiración, se estremeció y gimió mientras Miguel le lamia el ano separando sus glúteos con las manos.

– Espera un poco que vivo en el tercero- le dijo, incorporándose y a la vez buscando las llaves en el bolso para abrir la puerta de su casa.

Los dos entraron jadeando y Carol fue directa a la nevera, sedienta. Sacó la botella de champán de la nevera y dos copas de un armario. Abrió la botella y llenó las copas. Los dos se sentaron en la mesa  y brindaron vaciando las copas de un trago. Las volvió a llenar y volvieron a brindar, bebiéndolas de un trago igualmente.

Carol sonrió y relamiéndose los labios de manera lasciva se levantó impulsiva y salio corriendo hacia la habitación perseguida por Miguel que nada más entrar, detrás de ella, le subió el vestido desnudandole y ella a su vez le quitó la ropa a él mientras sus pezones se agrandaban mordisqueados y lamidos por Miguel que con los pantalones en el suelo sentía las manos de Carol en su pene erecto.

Ella se agachó y empezó a lamerle el pene metiéndoselo en la boca.

Miquel le cogió de los brazos levantándola y haciéndole tumbarse en la cama. Se puso encima de ella besándole el cuello y suavemente le penetró oyendo sus gemidos de placer.